[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 30

Buenas a todos. Debo pediros perdón por haber tardado tanto en continuar la historia. Se me rompió el ordenador y he estado sin portátil hasta ahora. Tras esta quedara solo UNA entrada y al fin estaremos al día. No sé qué haremos después, igual organizo una encuesta para preguntaros si queréis que profundice más en algún evento o en alguna facción. Sin más dilación, adentraos para descubrir el destino de Anvilgard.

Al principio, la neblina ondulante que se extendía por el Mar Lacerante no parecía gran cosa, pues las calles de Anvilgard están permanentemente cubiertas de niebla. Sin embargo, cuando una mortaja impenetrable se asentó sobre el puerto de la ciudad, los ciudadanos vieron que algo andaba mal. Para quienes tropezaban con las nubes escalofriantes, parecía que el mundo se desaceleraba a su alrededor, el aire brillaba como si se vislumbrara a través de un espejo nublado y cada aliento se sentía como agua de mar helada inundando los pulmones.

Desde el puerto, las nieblas se extendieron rápidamente por todos los distritos de la ciudad. Se escuchó el estallido de cañonazos y mosquetería en las calles de Anvilgard. La guarnición Freeguild de la ciudad, los comerciantes del gremio y los herreros del Ironweld intentaron formar posiciones defendibles, pero pronto quedaron aislados. El aire se hizo pesado, la pólvora estaba empapada y las antorchas apagadas. La visión quedó reducida a pocos pasos de distancia y elegantes formas rodearon a los soldados, acercándose cada vez más.

Los Yunques de Heldenhammer respondieron rápidamente. Mientras Ven Brecht se cercioraba que la Cámara Intrépida estuviera asegurada, el Lord-Castellant Vanhelm dirigió a sus guerreros para restablecer el orden. Los insurrectos esperaban en las calles de Anvilgard, rebeldes elfos dirigidos por Drusa Kraeth, la hechicera líder de la Espiral Escamanegra. Sin embargo, Kraeth obedecía a otra figura en la sombra, la llamada Soberana, cuyas órdenes eran claras: ni un solo Eterno de la Tormenta debía ser asesinado, ya que ninguno podía hacer el viaje de vuelta a Azyr para advertir del peligro que corría Anvilgard.

Drusa Kraeth, hechicera al mando de la insurrección.

Enfrentarse a los hijos de Sigmar, aunque fuera una guarnición reducida, sin fuerza letal era desalentador. No obstante, Kraeth disponía de los mejores cazadores de los Reinos Mortales, así como de los miembros del Ordo Serpentis y sus monstruosas mascotas. Cada Eterno se cobró un alto precio antes de caer inconsciente por el efecto de las flechas y lanzas impregnadas de veneno. Las toxinas destiladas por los elfos a partir de los dracónidos de la jungla eran tan potentes que ni siquiera los guerreros inmortales podían soportalasr durante mucho tiempo. Con más y más guerreros cayendo, Vanhelm ordenó una retirada general al Nexo Negro. El ejército de Kraeth los persiguió y pronto rodeó la inmensa fortaleza.

Mientras tanto, en la Cámara Intrépida Ven Brecht reunió a los restos de la guarnición de Anvilgard que pudo encontrar. El número de defensores era alarmantemente más bajo que hacía solo unas horas y los supervivientes solo habían podido atisbar sombras en la oscuridad, figuras que parecían nadar entre la niebla. Aun así, muchos acudieron a la llamada del Lord Veritant. Formaciones de la milicia de las Freeguilds comandados por el general Dignan “Bigotes de Hierro” y adustos enanos barbaslargas liderados por el rey guardían Matlo Loriksson. Además, de la Capilla del Sagrado Flagelo miles de flagelantes salieron en tropel, dispuestos a dar su vida para expulsar a los invasores.

Los ingenieros y artilleros enanos del Ironweld defienden su hogar.

Loriksson y sus guerreros conocían los túneles bajo la ciudad como los pelos de sus barbas y con su ayuda Ven Brecht urdió un audaz plan. Sus Eternos socorrerían al Lord Castellant Vanhelm en el Nexo Negro mientras el rey guardián aseguraría el “Viejo Morrolumbre”, la venerable fortaleza móvil que había protegido la ciudad años atrás. Su potencia de fuego podía cambiar las mareas de la batalla. La fuerza aliada recorrió las alcantarillas, ahora infestadas de hidras de la Espiral Negra. Abriéndose paso a través de colmillos y veneno se separaron y cada uno corrió a su objetivo.

La noche era espesa y silenciosa en Anvilgard cuando el grupo de Ven Brecht llegó al Nexo Negro. La fortaleza estaba rodeada por las antorchas parpadeantes de mil guerreros elfos reunidos bajo estandartes con el nombre de Har Kuron, pues ese era el nombre que la misteriosa Soberana había escogido para la ciudad que estaba a punto de anexionar. Ven Brecht no sabía si Morathi había aislado la ciudad o si habían refuerzos en camino del resto de ciudades libres de Aqshy, pero el tiempo apremiaba. Las voces del contingente del Lord Veritant se unieron a las de sus hermanos atrapados y el misterioso canto de batalla hizo sentir escalofríos en los corazones de los elfos.

Los rebeldes elfos avanzan para tomar Anvilgard.

La pequeña fuerza de Ven Brecht cargó directamente hacia el enemigo, buscando abrirse paso entre las filas de los rebeldes y matar a sus líderes. Kraeth lanzó a sus guerreros contra los Eternos. Carros tirados por gélidos se abrían paso entre las filas de sigmaritas mientras la tripulación lanzaba redes de púas venenosas, jabalinas impregnadas de toxinas llovían entre los escudos de los Yunques y vidrios lanzados por corsarios se estrellaban contra el suelo a los pies de los Eternos, liberando gases asfixiantes que nublaban la mente. Por cada guerrero inmortal que caía, un enorme hueco era aprovechado por los rebeldes para rodear a los asaltantes. Entonces, un resplandor ardiente se extendió por el campo de batalla y todos los presentes escucharon una cacofonía en la distancia, cada vez más fuerte.

Una vasta forma apareció en el este, eructando humo mientras avanzaba con extremidades impulsadas por pistones. Aplastando todo a su paso en su camino hacia el Nexo Negro, la fortaleza móvil conocida como “Viejo Morrolumbre” estaba repleta de torres de armas, baterías de mortero y torretas de incineración. Disparó un cañonazo que destruyó grandes franjas de la hueste de Kraeth, mientras cientos de guerreros leales, humanos, elfos y enanos, salían de su vientre de hierro y cargaban contra los insurrectos.

Los Yunques de Heldenhammer defienden su posición.

Durante un momento, los leales tenían las riendas de la batalla. Pero luego apareció una sombra gigantesca, barriendo las brumas con sus alas de murciélago. Con un golpe de su inmensa lanza, la Reina de las Sombras atravesó la cabina del “Viejo Morrolumbre”, destruyendo una de las patas con pistones y desequilibrando la gran máquina. Los soldados que aún quedaban dentro se precipitaron al vacío cuando la fortaleza móvil se inclinó y cayó bajo su propio peso, haciéndose añicos en una nube de polvo.

Mientras los leales observaban con horror, escucharon los gritos agudos de las khainitas. Bandadas de figuras con alas membranosas se recortaron sobre el cielo oscuro, lanzando jabalinas o precipitándose sobre sus víctimas con hoces. Las arqueras Melusai se arrastraban entre los tejados mientras disparaban flechas con una puntería inhumana que alcanzaban los puntos débiles de la línea de los Eternos. Aunque muchos elfos rebeldes y khainitas cayeron bajo los martillos y las espadas de los sigmaritas, la marea de la batalla no podía revertirse una segunda vez. Las hijas de Khaine eran demasiadas. Cada flecha y cada lanza llevaban venenos paralizantes elaborados por las sacerdotisas de Morathi y uno a uno, los Yunques de Heldenhammer fueron cayendo.

Las khainitas descienden del oscuro cielo.

Una flecha se hundió en el hombro de Ven Brecht y este cayó sobre una rodilla. Mientras la toxina se extendía por su sangre, su visión se volvió borrosa. Vio al rey Loriksson luchando junto al último de sus barbaslargas escupiendo juramentos de venganza mientras un círculo de rebeldes se cerraba a su alrededor.

Una figura pisó los cuerpos de los caídos, su movimiento era tan elegante como si estuviera caminando por un salón de baile. Su forma oscura y real estaba enmarcada por unas alas de metal dorado. Los Eternos de la Tormenta que quedaban en pie se lanzaron sobre ella con los martillos en alto, solo para verlos arrebatados por zarcillos de sombra mientras la figura robaba la fuerza vital de sus atacantes con un gesto desdeñoso. La Oráculo Suprema sonrío.

“Esta ciudad ahora pertenece a Morathi-Khaine y al imperio de Hagg Nar”, proclamó. “La resistencia es inútil”.

Ven Brecht apretó los dientes y se sacudió el letargo que amenazaba con dominarlo.

“La muerte es un regalo y no la temo”, dijo entre dientes.

Morathi asintió a sabiendas, pues esperaba tal desafío. Sin embargo, la elfa apenas tuvo tiempo de alzar su lanza cuando la espada del Lord Veritant cayó sobre ella, deteniéndose a meros centímetros de su pálido rostro. Los ojos de Ven Brecht se clavaron en los de ella, ardiendo con una llama púrpura. Con un grito indignado, la Reina de las Sombras descendió de las nubes, chocó contra el Eterno y lo atrapó con su inmensa cola. Ven Brecht se ahogó, incapaz de respirar, mientras miraba a los ojos amarillos de la criatura, llenos de odio amargo. Fue lo último que vio antes de que la oscuridad lo envolviera.

+14

3 comentarios en «[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 30»

  1. Gracias por la entrada!
    Parece ser que en poco tendremos un libro nuevo junto al battletome de Slaanesh!!

    ResponderResponder
    0

Deja una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.