[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 26

Morathi estaba ansiosa por poseer la varanita. En ella veía el potencial para un gran ritual que la liberaría de la debilidad mortal y la convertiría en una diosa.

Una amenaza creciente

A través de sus espías, Morathi supo de los planes de Archaon para corromper la Puerta Meteórica usando la varanita y de la gran industrialización de las Fauces de Varanthax. La Oráculo Suprema declaró a la fundida piedra del reino como la Sangre de Khaine, un remanente del dios muerto. Era de suma importancia, dijo a sus seguidoras, reclamar esa sustancia sagrada de mano de los indignos. Sin embargo, por formidables que fueran las Hijas de Khaine, no podían atacar Ochopartes solas. Por tanto, Morathi solicitó audiencia con un viejo aliado de conveniencia: el Dios Rey Sigmar.

En la ciudad palacio de Sigmaron, Morathi utilizó sus finas artes de la diplomacia para forjar una alianza con Sigmar. El Señor de los Cielos nunca había confiado en la Oráculo Suprema, pues Tyrion y Teclis le habían advertido tiempo atrás de la naturaleza traicionera de la elfa. Sin embargo, tampoco podía ignorar la advertencia que traía consigo. Si en verdad Archaon estaba a punto de forzar la Omnipuerta de Azyr, el Reino de los Cielos estaba repentinamente en peligro y el Caos tendría una entrada directa al centro de poder de Sigmar.

Sigmaron, la ciudad palacio de Sigmar.

El consejo de guerra del Dios Rey se reunió. Morathi y sus más destacadas discípulas acudieron, todas veteranas con cicatrices del Cathtrar Dhule, la larga y sangrienta guerra en las sombras que se libró en Ulgu contra los seguidores de Slaanesh durante varios siglos de la Era del Caos. Ni las khainitas ni los Eternos de la Tormenta cuestionaron que la apertura de la Puerta Meteórica presagiaba el desastre para todos. Según los Vigilantes Sombríos, espías de Morathi que operaban en Ochopartes, Archaon libraba una guerra contra el imperio Ossiarch, el cual había capturado el Arx Terminus frente al Portal Final. Esta guerra abierta daba a los ejércitos del Orden una oportunidad de asestar un golpe fatal.

Sigmar no era un necio y no deseaba comprometer todas sus fuerzas a un ataque desesperado junto a las Hijas de Khaine. Sin embargo, Morathi hablaba tan elocuentemente como siempre, disipando las dudas del Dios Rey y sus generales con argumentos razonados. No hacía falta arrasar las Fauces de Varanthax, decía, ni librar una guerra de desgaste contra el Caos. El objetivo debía ser eliminar el problema en su origen: deshacerse de la varanita que era crítica para los planes de Archaon. De este modo, frustrarían la tentativa de abrir la Puerta Meteórica y evitarían que el Elegido pudiera forzar cualquier otro portal a otro Reino.

Los Yunques del Heldenhammer, guerreros resucitados de héroes muertos en eras pasadas.

De este modo, Morathi presentó un plan audaz al Dios Rey. La mayoría de sus fuerzas atacarían los valles montañosos que rodeaban las Fauces, sitiando la fragua y llamando la atención de sus defensores. Mientras, una fuerza más pequeña, comandada por Morathi, se infiltraría en los niveles inferiores del complejo trazados por sus Vigilantes Sombríos. Este grupo se dirigiría a la fuente de la varanita y, con ayuda de los expertos arcanos de Sigmar, Morathi y sus sacerdotisas abrirían un portal al vacío aetérico, la gran nada entre las esferas del reino, por el que la varanita se escurriría para nunca ser recuperada.

Se enviaron convocatorias a todas las Huestormentas que pudieran enviar tropas para el ataque frontal y Morathi solicitó personalmente la ayuda de los Yunques del Heldenhammer para el grupo de infiltración. Los resueltos muros de escudos de los hoscos Eternos habían probado ser más efectivos unidos a los temibles cónclaves de guerra de las Hijas de Khaine cuando habían luchado juntos en el pasado. Muchos destacamentos de los Yunques marcharon desde la ciudad libre de Anvilgard para unirse a la invasión.

Robo abisal

No fue solo en Ochopartes donde los Vigilantes Sombríos estaban cumpliendo la voluntad de la Oráculo Suprema. Dentro del Sarr Danoi, un foso sin luz en el fondo del Mar Maithnar en el Reino de la Vida, yacía el legendario artefacto conocido como la Linterna Ocariana. Ese fue el dispositivo que Teclis usó por primera vez para extraer las almas élficas del vientre de Slaanesh, enemigo eterno de su raza. Teclis había sentido una cruel oscuridad en sus primeros hijos y creyó que estaban corrompidos más allá de toda esperanza. Temiendo la destrucción a manos de su salvador, estos elfos huyeron bajo las olas de los mares de los reinos, convirtiéndose con el tiempo en los Idoneth Deepkin. Se llevaron la Linterna Ocariana, temiendo que Teclis usara su luz para buscarlos. En las profundidades abisales del Sarr Danoi, la Linterna descansó durante siglos, su luz apagada en la gran profundidad del océano.

Los Idoneth Deepkin, misteriosos elfos submarinos.

Muchos de los asesinos más consumados de Morathi murieron tratando de conseguir el artefacto, pero a un gran coste la reliquia fue robada de su lugar de descanso. Sería clave para los planes de la Oráculo Suprema. Sin embargo, al tomarla para sí misma, Morathi enfureció a los enclaves Idoneth.

En las Fauces

Los dominios de Archaon no podían alcanzarse mediante las corrientes celestiales que solían utilizar los Eternos. El portal el Reino del Caos permanentemente abierto en lo alto de Varanspire filtraba al plano mortal una vorágine de hechicería y fuego que conformaba un escudo que ni la Tormenta de Sigmar podía traspasar. Las Omnipuertas desembocaban en Ochopartes, pero varias seguían en poder de Archaon, mientras que otras eran impracticables. Por tanto, la Puerta Génesis de Ghyran, recuperada durante la Guerra de los Portales, era la única opción viable.

Emergiendo del Pórtico en una corona de rayos llegaron los Eternos de la Tormenta. Los Martillos de Sigmar, la primera Huestormenta, reclamaron el honor de la primera carga. Dirigidos por el Lord Celestant Andrus Nihilat, los dorados caballeros asaltaron las fortalezas que rodeaban la Omnipuerta en Ochopartes, con sus martillos de guerra aplastando cráneos y costillas de los aturdidos defensores del Caos. Con un coro de agudos gritos, las Hijas de Khaine se unieron a la batalla, saltando sobre el muro de escudos de sus aliados para caer en medio de sus presas, rajando gargantas y perforando corazones.

Los Martillos de Sigmar cargan contra los guerreros del Caos.

Ocho Huestormentas asaltaron Ochopartes, con una fuerza combinada de más de cuarenta cámaras. Unidos a los cónclaves guerreros khainitas, parecían una fuerza imparable. Ni uno solo de los defensores del Pórtico de Ghyran escapó con vida. Mientras se reagrupaban para marchar contra las Fauces, los Eternos observaron con desagrado los rituales sangrientos de sus aliadas, que parecían deleitarse arrancando los corazones aún palpitantes de sus presas y vaciando la sangre caliente en sus calderos montados en altares móviles. Procesiones de estos calderos de sangre ya marchaban a través de la Omnipuerta. La propia Morathi se encontraba sobre el caldero más grande, alzando su lanza Revientacorazones en lo alto ante los vítores de sus tropas. Según la Oráculo Suprema, los calderos serían un componente esencial en el ritual para destruir la varanita.

Habiendo enfatizado la necesidad de que la fuerza de infiltración fuera pequeña, Morathi reunió a sus tropas de élite, las Zainthar Kai, las cuales eran formidables guerreras Melusai por cuyas venas corría la sangre maldita de Khaine. La Cámara Sacrosanta Dolorites de los Yunques de Heldenhammer se unió a las khainitas. El lord Arcanum Vennerdreizh debía vigilar de cerca a la Oráculo Suprema, pues el Dios Rey no estaba convencido de sus promesas de causa común. El resto del ejército se apresuró a los valles sinuosos que llevaban a la entrada de las Fauces de Varanthax.

Traición

El ejército unido asedió las puertas de las Fauces mientras el grupo liderado por Morathi recorría angostos túneles mientras se internaban más y más en la tierra. Siguiendo los glifos umbríos dejados por los Vigilantes Sombríos, se abrieron paso durante horas sin encontrar oposición alguna y sin más luz que el rastro dejado por los agentes de la Oráculo Suprema. Finalmente, pudieron vislumbrar luz más adelante y el olor a humo y sangre invadió sus fosas nasales.

Las serpentinas Zainthar Kai, las guerreras de élite de Morathi.

El suelo se convirtió en un gran pozo con forma de cuenco medio lleno con un líquido carmesí burbujeante. Donde esta sustancia salpicaba las paredes de la caverna, la roca se deformaba y retorcía, adoptando patrones espeluznantes que eran dolorosos de mirar, como caras a medio formar en la piedra negra. Esto era la varanita, cruda y sin refinar. Tres gigantes sierpes descendían hasta la piscina hirviendo, cada una rodeada por una cuna metálica de pasarelas y motores extractores, y unidas por una gran plataforma. Centeneras de esclavos pálidos se arrastraban azotados sin piedad por sus supervisores y la guarnición consistía en guerreros del Caos acorazados y una gran horda de bárbaros.

El Lord Arcanum Vennerdreizh y sus guerreros arcanos se lanzaron por las pasarelas que se extendían sobre el lago de varanita, destrozando a los atónitos enemigos que se interponían en su camino. Unos rayos crepitantes llenaron la caverna cuando las armas santificadas de los Eternos golpearon, lanzando a los siervos del Caos sobre la varanita burbujeante. Con la Cámara Sacrosanta totalmente ocupada, Morathi tejió patrones intrincados en el aire, recurriendo a la magia de Ulgu y dibujando sombras en el éter.

Caldero de Sangre, el núcleo de las fuerzas khanitas.

Los Dolorites eran expertos en la magia de la tormenta y en hechizos de protección, pero no podían ver a través de las ilusiones conjuradas por la Oráculo Suprema. Vieron el techo de la caverna abrirse cuando una cuarta sierpe se estrelló contra la roca, enviando una avalancha de escombros que demolió la pasarela y los separó de sus aliados. Vieron la cara regia de Morathi, la mandíbula apretada en concentración mientras se esforzaba por abrir un portal al vacío aetérico y la Zainthar Kai luchando contra el enemigo. O eso creyeron ver.

Desastre

Morathi sonrió mientras veía a los Eternos luchar por su vida. Ordenó a sus guerreras traer los calderos de sangre hasta la plataforma que rodeaba a los tres grandes gusanos. Con cortes rápidos y profundos, Morathi y sus discípulas atravesaron la piel de las sierpes. Sangraron a las criaturas como ganado mientras estas gritaban y se retorcían en agonía, dejando que el valioso contenido fluyera sobre los calderos. Sin embargo, estos nunca se llenaban, ya que todas las cubas estaban conectadas al Caldero Madre de la Oráculo Suprema en Hagg Nar, en el Reino de las Sombras. Así, Morathi obtuvo la preciada sustancia que tanto deseaba. A medida que más y más seguidores del Caos surgían de los túneles ocultos, ordenó a su Zainthar Kai que organizara una retirada en combate, abandonando a sus aliados a su suerte.

Los demonios de Slaanesh siguen buscando a su amo perdido.

Mientras Morathi huía, los Eternos de la Tormenta se vieron inmersos en una terrible batalla. A los defensores de la caverna se había unido una gran hueste de Idólatras de Slaanesh, que aplastaron a los Eternos bajo las ruedas de sus carros revestidos de cuchillas. Peor aún, uno de los temidos Invocadores Demacrados, el Devoratomos, estaba presente en la batalla y empleaba altares de guerra hechos de varanita pura para cortar el flujo de almas hacia Azyr. Así, el espíritu de cada guerrero caído fue devorado por los altares. Solo un alma guerrera asesinada logró huir, el Lord Veritant Keizer Ven Brecht, quien se sacrificó para comunicarle al Dios Rey las circunstancias terribles que atenazaban al ejército celestial.

Observando la matanza desde el asiento de su carro estaba Glavia Sinheart, una Heraldo de Slaanesh. Este demonio había sido bendecido por su maestro con una serie de visiones profética que los habían guiado hasta las profundidades de Ochopartes. Sus sueños le habían hablado de un poder venidero que cambiaría los reinos para siempre: el nacimiento de una nueva entidad, íntimamente conectada con el Príncipe Oscuro.

Ahora otra visión le asaltó. Ulgu, el Reino de las Sombras. Una oscura fortaleza con cuchillas elevándose en medio de un océano cubierto de niebla. Sinheart sabía que allí la profecía llegaría a su conclusión.

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4 comentarios en «[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 26»

  1. Muy buen curro pero te has pasado un poco con el resumen .

    Te has comido datos importantes como que el portal de Ghyran estaba cerrado y tuvieron que convencer a Allarielle para que lo reabriera , ayudando incluso en el asalto.

    Qué tienen que destruir uno de los templetes para que el Stormcast pueda volver a Azye y lo hace sacrificándose para poder volver e informar de la emboscada del ejército del caos y los templetes que se llevan las almas de los Stormcast a los reinos del caos , con lo que no pueden ser reforjados.

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  2. Gracias por la entrada! Muy bien libro la verdad. Aunque a nivel de reglas me falla alguna cosa, el trasfondo esta muy bien.
    Con ganas de leer el siguiente.

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  3. @Fernando Gómez Villanueva: tienes razón que me pasé con el resumen jajaja. No quería que fuera más largo, porque me da la sensación de que alargo mucho esta última parte del trasfondo comparado con las primeras entradas.
    En cualquier caso, me encanta que complementéis mis entradas! Buen aporte.

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  4. @Felur:
    Es normal , este libro ha traído bastante chicha comparado con anteriores , muchos eventos y detalles importantes.

    He recalcado esos dos , sobre todo porque cerrar el portal del reino de la vida costo lo suyo y Sigmar no creía que Allarielle fuera a colaborar . Además que quedé abierto implica posibles nuevas intentonas por parte del Caos .

    Otro dato , los Heldenhammer son los fundadores de Anvilgard y los guerreros de Sigmar con más presencia en dicha ciudad , no es casualidad que Morathi los prefiera para el asalto como veremos más adelante.

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