[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 17

La ambición de Nagash no conoce límites. Lejos de querer dominar solo Shyish, planeaba extender su necrotopía por todos los Reinos Mortales, una existencia en la que ningún ser movería un solo dedo sin el consentimiento de su amo. Para llevar a cabo el golpe maestro que estaba preparando, al Gran Nigromante no le bastaba con las huestes esqueléticas de Arkhan ni con los seguidores vampíricos de Manfred y Neferata, pues estos no constituían un ejército en sí mismos. Además, aunque las fuerzas espectrales de Lady Olynder habían llevado el terror a los Ocho Reinos, carecían de la disciplina marcial necesaria para lo que Nagash se proponía. Sin embargo, el Gran Nigromante era un ser cauteloso y paciente, y ya en la Era de los Mitos había empezado a planificar su ascenso a la gloria.

Durante la Era de los Mitos, Nagash fingió una alianza con Sigmar mientras recuperaba sus fuerzas y consumía a todos los dioses de Shyish. Durante su unión con el Panteón del Orden, sus siervos no muertos ayudaron a levantar las numerosas ciudades que poblaban los Reinos Mortales en aquella época. Así, mientras enanos, elfos y hombres trabajaban durante el día, legiones de trabajadores esqueléticos construían de noche, haciendo que estas ciudades alcanzaron proporciones gigantescas en muy poco tiempo. Sin embargo, lo que nadie sabía, ni siquiera el propio Sigmar, es que los no muertos construían tanto por encima como por debajo del nivel del suelo. Así, mientras torres, murallas y palacios se alzaban hacia el cielo, cientos de túneles y cavidades eran excavados en las profundidades.

Nagash había tenido una eternidad para perfeccionar sus habilidades nigrománticas, tanto en el Viejo Mundo como en su estancia en Shyish, y estaba dispuesto a dar un paso más allá. Reuniendo a todos los nigromantes que habían buscado su tutela, realizó innumerables experimentos con el objetivo de crear una verdadera raza de no muertos. La mayoría de hechiceros murieron en el proceso, pero los pocos veteranos que consiguieron sobrevivir se convirtieron en los primeros de los Mortisans, maestros de la forja de hueso y alma. Los ambiciosos nigromantes vieron así cumplido su sueño de conseguir la vida eterna, pero estarían sometidos a la voluntad de su maestro para toda la eternidad. Junto a sus Mortisans, Nagash comenzó la creación de un inmenso ejército de no muertos que ocultó en las catacumbas que se abrían bajo las ciudades en la Era de los Mitos.

Los Mortisans, líderes de los Ossiarch.

Los principios de la nigromancia están basados en el uso de almas atrapadas para dotar de vida a un cuerpo ya fallecido. Así, la marioneta resultante será tan poderosa como lo fue en vida, yendo los ejemplos desde el granjero muerto por la peste hasta el colosal dragón que vivió durante milenios. Sin embargo, Nagash desarrolló la nigromancia hasta tal punto de convertirla en arte. El hueso pasó de ser un receptáculo a ser la materia prima de la que se valdrían los Mortisans para alzar soldados esqueléticos mezclando y modelando tejido óseo de distinta procedencia. No obstante, lo más impresionante e inquietante era la manipulación de las almas. Nagash enseñó a los Mortisans a fragmentar el alma de un ser en sus partes constituyentes, para luego combinarla con otros fragmentos de alma. De este modo, los Mortisans podían aislar la habilidad bélica, la lealtad y el coraje de un alma, al tiempo que se deshacían de todo lo demás, incluyendo memorias y emociones, creando así al soldado perfecto para cada situación. Esta amalgama de pedazos de almas era confinada en cristales de tumba-arena que se incrustaban en las formas osificadas de los soldados.

El Gran Nigromante ordenó la creación de legiones de constructos óseos durante los largos años de la Era de los Mitos. Este ejército creció y permaneció en letargo durante toda esta era e incluso pasó desapercibido en numerosas necrópolis durante los conflictos de la Era del Caos y la Guerra de los Portales. Algunos creen que la mayor virtud de Nagash es su casi infinita paciencia y el Dios de la Muerte se esforzó por ocultar sus más grandes obras hasta revelarlas en el momento oportuno. Tras el cataclismo causado por la Gran Pirámide Negra y la consiguiente creación del Nadir de Shyish, los seres vivos de los Reinos habían sido puestos en jaque. Sin embargo, pese a la gran ofensiva que supuso el ataque de la Nighthaunt, no bastó para erradicar a los ejércitos mortales. Por supuesto, Nagash estaba preparado para esta eventualidad, ya que era consciente que las interminables hordas espectrales eran más un medio para extender el terror en sus enemigos que un ejército conquistador. Colapsados como estaban, las fuerzas de los vivos habían empezado el contraataque y comenzaban a recuperar terreno. Había llegado el momento de sacar a la luz las legiones que se habían estado gestando durante siglos en las profundidades del mundo, pero Nagash no consideraba a ninguno de sus Mortarcas adecuados para la tarea de dirigirlos. La habilidad arcana de Arkhan el Negro era demasiado fundamental para los planes de su maestro, mientras que Manfred y Neferata estaban tan absortos en sus redes de intrigas y maquinaciones que no contaban con la confianza del Gran Nigromante. Nagash necesitaba a un líder de confianza que solo pensara en cómo destruir a su enemigo, sin más ambiciones que el dominio de la guerra.

La revelación de las Criptormentas le devolvió a Nagash su antiguo comandante, el que dirigía los ejércitos de Nagashizzar antes de que la furia de Sigmar acabara con él. Katakros había regresado y Nagash lo puso al frente de las legiones que siempre le habían pertenecido.

Los Ossiarch obtienen su tributo de hueso de un modo u otro.

En honor a su antiguo imperio de Ossia, Katakros denominó a sus huestes los Ossiarch. Se trataba de un ejército que marchaba a la batalla en falanges ordenadas, reformando y girando sobre sus talones a cada grito áspero de sus oficiales. No luchaban como autómatas sin cerebro, sino como soldados con raciocinio, pues sus amos comprendían que la habilidad e iniciativa eran tan importantes como la obediencia ciega. De este modo, los Mortisans permiten que los soldados rasos tengan un mínimo de conciencia para que entiendan la naturaleza de cada orden y la intención de la misma. Los Ossiarch emplean asaltos metódicos y precisos que dan como resultado que las partes interconectadas de sus grandes ejércitos se coordinen y aplasten al enemigo con macabra eficacia. Verlos en combate es contemplar una exhibición de tácticas de armas combinadas que inspira asombro y terror a partes iguales.

Los Ossiarch no son como los demás no muertos, no son simples esqueletos que sujetan armas sacados a la fuerza de sus túmulos por algún nigromante. Estos muertos vivientes son un auténtico pueblo que construye fortalezas y ciudades de hueso puro, con una cultura obsesionada con la muerte y una religión centrada en Nagash. Su deseo de conquistar es innato, no solo cumplen órdenes, sino que realmente comparten el sueño de su señor de instaurar un mundo sin vida. No obstante, no son un simple ejército de conquista que arrasa allá donde va, pues Katakros entendió que a veces es mejor cosechar que matar. De este modo, creó el llamado Diezmo de Huesos, mediante el cual se hace una oferta a los pueblos mortales antes de que las huestes de soldados Ossiarch caigan sobre ellos. Con la amenaza de mil lanzas a sus espaldas, los heraldos de Katakros exponen unos términos muy concretos a los líderes de los pueblos que se interponen en el camino de su amo: pagar o morir. Sin embargo, no es oro, armas o reliquias lo que los Ossiarch exigen, sino hueso en unas cantidades perfectamente delimitadas en función del tamaño de la población mortal en cada caso. Así, a un pequeño pueblo solo se le pediría un pequeño cofre de huesos, mientras que a una gran ciudad se le exigirían arcones llenos de material óseo cada pocos días, pues igual que el granjero no mata a todo su ganado a la vez pues más tarde pasaría hambre, el suministro de hueso está mejor sostenido en el tiempo si se realizan entregas periódicas. Si el diezmo es satisfactorio, las huestes Ossiarch pasarán de largo dejando a una población perpleja y viva durante algún tiempo más. Si el diezmo es rechazado, el heraldo esquelético alzará un indignado grito y sus guerreros arrasarán a sus insensatos enemigos. En cualquier caso, los Ossiarch obtienen su botín.

Los Ossiarch consiguieron lo que nadie había hecho: amenazar a Archaon.

Al frente de este gran ejército, Katakros ha recuperado muchos inframundos que se perdieron durante la Era del Caos y las Guerras de los Portales. Empezando por su antiguo imperio de Ossia y Necros hasta la tierra de los héroes de Hallost, el dominio Ossiarch se extiende y numerosos pueblos viven como súbditos de sus señores no muertos. Finalmente, Katakros recuperó el control de la ciudad de Gothizzar, donde se encuentra el Portal Final, la Omnipuerta de Shyish que había quedado en poder del Caos durante la Guerra de los Portales. Este siempre había sido el objetivo principal del Alto General, pues Nagash consideraba que la tierra de Ochopartes había permanecido demasiado tiempo en poder del Caos. Había llegado el momento en que este nexo entre Reinos cambiara de manos y millones de Ossiarch atravesaron en masa el Portal Final para llevar la guerra al mismísimo centro de poder de Archaon.

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6 comentarios en «[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 17»

  1. Un par de notas sobre los Ossiarcas:
    No solo tratan con otras alianzas (orcos, humanos, etc..) sino que llegan a pactos que beneficien a ambos pueblos por un bien común. Los Kharadrons Overlords tienen un termino khazalid para representantes comerciales Ossiarcas (uzkulrik) y se han hecho muchos pactos con ellos (uno de ellos fue interrumpido por Grunnok Un-Ojo, el mercenario Pisoteador).
    Otro detalle es que dependiendo de la manipulación de las almas, estas pueden tener más «noción y control» de quienes son. Se ha hablado de algunos Alma-unidas (Soulbound, el juego de rol) que tenían un Ossiarca entre el grupo… (o eso se rumorea).

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  2. @Belisaurio: no sabía que los pueblos del Orden hacían pactos «voluntarios» con los Ossiarch, pero tiene sentido que dos culturas se beneficien de un pacto provechoso. Aunque también hay que tener una ética un tanto retorcida para pactar con no muertos…
    Gracias por el aporte, no tenía ni idea!

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  3. La verdad es que estos y los Flesh Eaters son dos facciones muy bonitos y con muy buen trasfondo. A ver si sacan algo así para Soulbight.

    Por cierto ¿Creéis que los esqueletos normales y su facción desaparecerán, ahora que tenemos esqueletos 2.0? Deathrattle, creo que se llaman. Me refiero a los esqueletos y tumularios de tota la vida.

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  4. @A. Puig:
    Pues en principio pensaba que desaparecerian, pero ahora no tengo muy claro lo que quieren hacer. Me explico: Normalmente los libros «sopa» o que usen minis antiguas los veo como un parche para no cerrar la puerta a jugadores veteranos (de Fantasy por ejemplo). Sin embargo este puente se termina en algun momento, dejando de lado las minis y que no canibalize a los ejercitos nuevos (ya sea con reglas menos actuales, sacando versiones nuevas, etc). Eso es lo normal en este tipo de productos pero luego no se les usa en la historia principal de forma continua (esqueletos y Cities), ni se les crea heroes con nombre (orcos, Cities, esqueletos, necros,…), ni se les hace un juego de rol basados en ellos (Cities), etc… Y así con los 3 o 4 libros que usan minis antiguas. Muchos de ellos incluso tienen «posibles unidades» nuevas como los golems de carne de los Muertos que Andan (zombies i el carro zombie).
    No te sabria predecir la intencion que tiene GW con este tipo de facciones.

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  5. No conocía la historia de los esqueletos primaris y me ha gustado mucho, lo del reciclaje de esqueletos de los pueblos y ciudades los covierte en una facción que puede interactuar con otras facciones más allá del clásico nomuerto que solo quiere la muerte de todas las formas de vida.

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