[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 9

Semillas de Esperanza

El nuevo orden traído por Sigmar había conseguido abrir brecha en el dominio del Caos. El dios-rey no perdió el tiempo y ordenó la construcción de asentamientos y ciudades, tanto como señal de desafío como sedes de poder desde la que dirigir la guerra. Se levantaron numerosas ciudades desde Ghur hasta Chamon, pasando por Aqshy y Shyish. Sin embargo, hubo tres ciudades que destacaron por encima de las demás, las llamadas Semillas de Esperanza.

Fue Alarielle quien alzó la primera de las Semillas. Tras recuperar la Puerta Génesis, la Reina Eterna comenzó su cruzada para liberar el Reino de la Vida del abrazo rancio de Nurgle. En los Reinos de Jade de Thyria, liberó el Bosque Hueco. Antaño floreciente y repleto de vida, debía su siniestro nombre a los skavens del clan Pestilens, que habían roído sus raíces, haciendo que se secara y muriera. Alarielle, colérica, masacró y expulso a los hombres-rata del bosque, purificó la tierra y la vida volvió a fluir entre los fantasmales olmos y sauces. Entre los arboles renacidos, la diosa alzó una ciudad mediante el poder de la magia natural. Su voz se elevó entre la bruma, formando baluartes de ferroble y roca y modelando torres y fortalezas de enredaderas espinosas con costuras de metal forjado en canciones. En solo catorce días, una imponente ciudad de gran tamaño se alzó sobre la meseta, una fortaleza poderosa desde la que vigilar el Bosque Hueco. Alarielle sabía que sus hijos eran demasiado inconstantes para ser la guarnición de la ciudad, así que la ofreció a sus aliados mortales como un refugio al que llamar hogar, a cambio de que se encargaran de vigilar el maravilloso bosque de la Reina Eterna. Pese a que algunos temían los encantamientos que pesaban sobre el lugar, muchos aceptaron la oferta y se convirtieron en los guardianes de la Ciudad Viviente.

La Ciudad Viviente.

La segunda de las Semillas de Esperanza no podía haberse alzado de manera más distinta. Liderados por el visionario arquitecto Valius Maliti, un grupo de artesanos y obreros cruzaron el Portal Festemere hasta el Risco Aguagrís para construir una fortaleza contra las fuerzas del Caos. Protegidos por los Eternos de los Yunques de Heldenhammer, los hechiceros del Concilio Arcano y varios regimientos de soldados de los Pueblos Libres, el trabajo empezó a avanzar a buen ritmo. En todos los Reinos, existían concentraciones de magia condensada en sustancias llamadas piedra del reino. Cada Reino poseía la suya, ya fuera el carbón ardiente de Aqshy, el polvo estelar de Azyr o el hielo de jade de Ghyran; la piedra del reino siempre se había considerado volátil. Fue Valius Maliti quien intuyó que sus peligrosas propiedades podían ser usadas como fuente de poder. El genio del arquitecto, la gran capacidad de los encantadores elfos y la pragmática habilidad de los ingenieros enanos hicieron historia en Risco Aguagrís cuando, mediante maquinaria arcana, lograron cosechar un gran depósito de hielo de jade.

Fortaleza Aguagrís.

De pronto, las fuerzas del Orden tenían todo el poder que podían necesitar y más. Las tribus de goblins que acosaban las empalizadas fueron repelidas a base de cañonazos, las aguas pantanosas fueron secadas y la tierra se coció hasta volverse arcilla endurecida. Valius Maliti incentivó la actitud voraz de los ingenieros y motivó la deforestación de cientos de árboles, y todos los recursos de la región fueron utilizados para alimentar el rápido crecimiento de la Fortaleza Aguagrís. Los hijos de Alarielle vieron con horror esta industria rapaz y algunos Sylvaneth se enfrentaron con tristeza y rabia a sus antiguos aliados. El terreno circundante a la fortaleza se convirtió en una letal tierra de nadie. Únicamente el Concilio Arcano pudo llegar a un acuerdo con los espíritus del bosque para asegurar una única ruta de abastecimiento para que la ciudad no muriera de hambre, aunque cualquiera que se alejara del sendero y se internara en el bosque no volvería a ser visto. Pese a eso, la Fortaleza Aguagrís se alzó, como un baluarte enorme de muros acorazados, rugientes hornos, guardias arcanas y baterías de cañones que dominaban la región.

La tercera de las Semillas de la Esperanza era Phoenicium. Antes de convertirse en un símbolo de desafío al Caos, esta era una ciudad de vasta extensión de la Era de los Mitos que se alzaba a los pies de la Montaña Arbórea. En los primeros años de la Era del Caos, una fiera batalla aconteció en la ciudad y una terrible catástrofe arrastró a todos los contendientes. Por efecto de algún hechizo o arma desconocida, las laderas de madera de la montaña se abrieron y se liberó una marea de savia rezumante, que se desbordó sobre la ciudad y la convirtió en un glaciar de ámbar. La urbe quedó así preservada durante cientos de años. Podría haber permanecido en ese estado durante toda la eternidad, sin ser tocada por el poder corrupto de Nurgle o por el poder sanador de Alarielle, pero no era ese su destino.

Phoenicium.

Fueron los elfos ungidos del Templo Fénix quienes, tras acabar con una hueste Guerreros Pútridos en el Portal Insomne, encontraron la ciudad preservada. Heridos pero victoriosos, los elfos se maravillaron en silencio por la belleza que se extendía ante ellos, con los guerreros de antaño conservados junto a la ciudad por la que luchaban hacía una era. Repentinamente, sus fénix Corazón de Hielo y Espiral Ígnea alzaron el vuelo, chillando e iniciando una mística danza aérea. Las criaturas volaron sobre toda la ciudad, mientras fuegos mágicos y torbellinos helados los perseguían. Lenta e imposiblemente, el ámbar empezó a deshacerse, extendiéndose hasta convertirse en una bruma dorada que rodeaba las ruinas. Tras horas de exhausta danza, los fénix acabaron por revelar toda la ciudad, vacía y lista para reclamarse. Apoyados por los hijos de Alarielle, los Eternos de la Tormenta y mucha gente de los Pueblos Libres de Azyr, el Templo Fénix restableció la antigua y olvidada ciudad. Así, nació Phoenicium, una urbe cuyas ruinas internas y profundos túneles aún guardaban extraños secretos, y cuyas murallas estaban ocultas por una mística niebla dorada.

Las Semillas de la Esperanza estaban plantadas y, aunque muy diferentes entre sí, eran un símbolo de civilización entre la locura de la guerra que era el Reino de la Vida. Sin embargo, al fundar estas ciudades, Sigmar y Alarielle se habían extendido demasiado. Mientras que la mayoría de enclaves del Orden se habían construido poco a poco, bajo la cuidadosa vigilancia de incontables Eternos de la Tormenta, las Semillas se habían alzado a una velocidad asombrosa y estaban tan alejadas entre sí que bien podrían haber estado en Reinos diferentes. Pese a que podían ser alcanzadas por las fuerzas que atravesaran los Portales de Azyr, las tierras que las rodeaban seguían estando en control del Caos y llenas de enemigos. Los nuevos ciudadanos se encontraron luchando día tras día no solo contra los seguidores de los dioses oscuros, sino contra otros enemigos mucho peores. Aún con todo, estas ciudades eran una declaración de intenciones. Un símbolo capaz de avivar la llama de la esperanza en algunos y la de la envidia en otros.

Hammerhal

Las ciudades de Sigmar solían construirse en torno a los Portales del Reino recuperados, alrededor de los cuales se alzaban imponentes fortalezas defendidas por Cámaras enteras de Eternos de la Tormenta. Tras la Guerra de los Portales, las Omnipuertas de Aqshy y Ghyran habían sido recuperadas por los Eternos y sus aliados, por lo que el dominio de ambos Reinos era posible y necesario para el panteón del Orden. Así, se concibió un proyecto arquitectónico que serviría para asegurar la supremacía de Sigmar en el Reino del Fuego y de la Vida, y a este proyecto se le llamó Hammerhal. No era extraño que las ciudades obtuvieran su nombre en honor de los héroes que habían conquistado el Portal en torno al cual eran edificadas. Tras recuperar el Portal Grieta de Tormenta, que conectaba Aqshy con Ghyran, se establecieron los cimientos de Hammerhal. Su nombre se debía a los Martillos de Sigmar que habían liberado el portal de las garras de los orcos que continuamente lanzaban incursiones desde el Reino de la Vida.

Hammerhal, la Ciudad de Dos Colas.

Hammerhal era conocida como la Ciudad de Dos Colas, porque a todos los efectos eran dos metrópolis gobernadas como una sola. La gran ciudad se extendía tanto en los Páramos de Ceniza de Aqshy como en los Reinos de Jade de Ghyran, conectándose ambas partes a través del Portal. Hammerhal Aqsha era un lugar duro y fortificado, donde miles de banderas y pendones ondeaban con el cálido y furioso viento. El Arsenal de Hierro de los enanos mantenía una fuerte presencia en la ciudad y su ingenio mantenía el poderoso escudo de rayos y hacía avanzar los muros móviles para extender los dominios de la urbe. Asimismo, procesiones de fanáticos flagelantes de Sigmar limpiaban los terrenos circundantes a la urbe de toda clase de enemigos. Hammerhal Ghyra era un baluarte de los elfos, aunque había presencia de otras razas de los Pueblos Libres. Para mantener a raya la agresiva exuberancia del Reino de la Vida, ríos de lava eran canalizados a través del Portal,  siguiendo el cuidadoso trazado que rodeaba la ciudad. La roca fundida protegía las altas torres y cúpulas doradas formando un muro de fuego y, a cambio, un flujo constante de comida y agua era enviado hacia el Reino del Fuego, manteniendo los distritos de Hammerhal Aqsha alimentados gracias a su abundancia sin fin.

Hammerhal estaba gobernado por un Gran Cónclave de señores elegidos entre los mejores y más brillantes de Azyrheim. La defendían incontables ejércitos, incluyendo no menos de doce Cámaras de Eternos de la Tormenta, y el comercio entre ambos Reinos hizo que la metrópoli creciera hasta superar a las Semillas de Esperanza en tamaño e importancia civil y militar. Era, sin duda alguna, la capital espiritual de las ciudades de Sigmar y la mayor de todas ellas.

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9 comentarios en «[Trasfondo] El Cuento de Eones: Parte 9»

  1. Games Workshop a menudo se hace pequeños guiños de un juego a otro. En el trasfondo de Herejía de Horus, Fulgrim, llamado también el Fénix y el Fenicio, viste el púrpura real de los aristócratas de la antigua Terra.

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  2. No conocía el trasfondo de las semillas de la esperanza, muy interesante! Creo que hay un start collecting al menos de una de ellas ( fortaleza aguagris) pero no sabía su historia. De hammerhal si había leído más cosas. Con ganas de saber más historias de otras ciudades y sus pobladores. Un saludo y gran trabajo @felur

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  3. Hay algo de transfondo adicional de anvilgard y ojo de la tempestad ? ( No se si anvilgard tendría traducción o es tipo hammerhal). Igual esta pregunta es adelantarme a futuros posts jajaja

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  4. @gixeska: pues en cuanto a novelas, no hay nada CREO de las ciudades de Sigmar. Alguna mención tendrán, pero la mayoría de trasfondo de la «gente de a pie» se limita a Hammerhal. De hecho, Games Workshop sacó hace tiempo un juego de mazmorras llamado Shadow over Hammerhal.

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  5. @gixeska:

    Para otoño va a salir un suplemento de Soulbound para Anvilgard. Si sabes inglés ahí vas a tener muchísimo material.

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  6. Buen trabajo @felur. La verdad es que las Ciudades de Sigmar es de lo que más me gusta.
    Con ganas de conocer más cosillas!

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  7. Gracias por el post. Había leído sobre Hammerhal pero no sabía nada de las semillas de la esperanza y me ha parecido muy interesante porque convierten Ghyran en algo más que un bosque gigantesco, que es la imagen mental simplificada que tenía.

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